Siguo aqui...
Ya pasamos Octubre. Nada como el cansancio matutino.
Parecí haber recibido nublado el segundo día de primavera... y sigo aquí.
Los muslos parecen de espuma y me duelen las pantorrillas. La cara parece caerse a por la gravedad que empuja desde mis mejillas marchitas por el paso de las horas sin descanso en las madrugadas infinitas ad portas del amanecer que siempre llega gélido... y sigo aquí.
No distingo los sabores. Mi paladar es agrio y mi lengua áspera. Mis dientes se han debilitado; ya no cortan ni desgarran como estoicos marfiles pulidos... mas bien asemejan la presencia de una idolatría sucia enmohecida por el lento paso de las aguas del olvido.
Y aquí estoy... y mientras prefiero desaparecer, los días interminables en la cárcel de la existencia, retuercen mi consiencia, enrostrándome que sigo aquí.